En el marco del 40° aniversario del desastre de Chernóbil, el Papa Francisco recordó la tragedia y sus consecuencias, instando a los líderes mundiales a actuar con discernimiento y responsabilidad en el manejo de la energía atómica. La explosión, que tuvo lugar el 26 de abril de 1986 en Ucrania, es considerada el peor incidente nuclear en la historia. Según el pontífice, este suceso “marcó la conciencia de la humanidad” y sirve como una advertencia sobre los riesgos asociados al uso de tecnologías avanzadas.
Los efectos del desastre nuclear en cifras
La explosión en la central nuclear de Chernóbil generó una crisis humanitaria que dejó miles de víctimas fatales por exposición a la radiación. Aunque la cifra exacta varía, se estima que unas 600.000 personas, conocidas como “liquidadores”, participaron en las tareas de limpieza y estuvieron expuestas a niveles peligrosos de radiación. Un informe de la ONU de 2005 estimó en 4.000 el número de muertes confirmadas y previstas en los tres países más afectados: Ucrania, Bielorrusia y Rusia.
Por otro lado, Greenpeace realizó un análisis en 2006 que elevó el número de muertes atribuibles al desastre a cerca de 100.000 personas, reflejando así el amplio impacto de la tragedia en la salud pública y el medio ambiente de la región.
En su mensaje, el Papa Francisco enfatizó la necesidad de que las decisiones sobre energía atómica siempre estén alineadas con el servicio a la vida y la paz, resaltando que la memoria de Chernóbil debe ser un recordatorio constante para las futuras generaciones.
La conmemoración del desastre de Chernóbil se convierte, una vez más, en una oportunidad para reflexionar sobre los desafíos que plantea la tecnología y la importancia de priorizar el bienestar de la humanidad sobre los intereses políticos o económicos.
Fuente: AFP


















