Un amor de escuela que resistió el tiempo, seis hijos y un reencuentro inesperado

Un amor de escuela que resistió el tiempo, seis hijos y un reencuentro inesperado

Guillermo Cabrera y Marcela Gómez, una pareja de Villa Allende, provincia de Córdoba, comparten su historia de amor que comenzó en la escuela primaria y ha perseverado a través de diversas etapas de la vida. A pesar de las dificultades y separaciones, el amor ha sabido re emerger en sus corazones.

Un reencuentro después de años de separación

La historia de Guillermo y Marcela se remonta a su infancia, cuando se conocieron en el Instituto Hogar La Inmaculada. A sus 12 años, Marcela recuerda el momento en que el nuevo alumno le confesó que le gustaba, un gesto que marcó el inicio de su relación. Con el tiempo, su vínculo creció, pero no sin varios altibajos que incluyeron una separación que duró ocho años.

Un amor que superó obstáculos

Luego de varios años sin verse, el destino les dio una segunda oportunidad. En 1995, se casaron en la iglesia de Villa Allende y formaron una familia numerosa, con seis hijos. La vida les presentó desafíos que pusieron a prueba su amor, incluyendo problemas económicos y la enfermedad de los padres de Marcela.

La separación y los caminos encontrados

En 2020, la pareja se separó, afectada por la tensión generada por las circunstancias. Sin embargo, tras un proceso de reflexión y terapia, Guillermo comenzó a mostrar cambios significativos en su comportamiento. La familia siguió unida, permitiendo que los lazos familiares prevalecieran a pesar de la separación.

Un nuevo comienzo con la llegada de Benjamín

La llegada de su nieto, Bautista, marcó un punto de inflexión en la vida de ambos. Con su nacimiento, renació el amor que jamás se había extinguido. Ahora, Marcela y Guillermo están considerando la posibilidad de volver a convivir, aunque aún no han dado ese paso definitivo. La pareja mira hacia el futuro con optimismo, con la convicción de que han aprendido a valorar su historia compartida.

Reflexiones sobre el amor y la vida

Marcela ha aprendido que el amor puede hibernar, pero siempre está presente, esperando el momento adecuado para florecer. Ambos sienten que esta nueva etapa representa una oportunidad para un futuro juntos más sereno, donde los desafíos pasados sirvan como aprendizaje para transitar su relación hasta el final de sus días.

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