Se mudó a Brasil por una emergencia familiar y hoy brilla con sus alfajores en Florianópolis

Se mudó a Brasil por una emergencia familiar y hoy brilla con sus alfajores en Florianópolis

Adriana Irma Vitale, una argentina de 66 años, ha encontrado un nuevo hogar y un lugar de trabajo en Canasvieiras, una localidad brasileña en Florianópolis, donde su vida ha dado un giro inesperado en los últimos seis años. Aunque los días transcurren entre el trabajo en la panadería y el vaivén de los turistas, su historia está marcada por la nostalgia y la ardua adaptación a un nuevo idioma.

Una vida dedicada a la cocina

En el supermercado Skina, el aroma a pan recién horneado siempre llama la atención. Allí, Adriana trabaja con las manos en la masa, moldeando su especialidad: alfajores de maicena. Este manjar, que deslumbra a los turistas, está hecho con una receta que asegura haber aprendido de su abuela, aunque los recuerdos se han difuminado con el tiempo.

Adriana se siente en su elemento preparando también budines y medialunas, pero son los alfajores los que rápidamente desaparecen del mostrador. “A las siete de la mañana ya estoy en movimiento”, comenta mientras controla su horneada. Su jornada se extiende hasta que los últimos clientes se despiden al caer la tarde.

Un viaje lleno de desafíos

La llegada de Adriana a Brasil sucedió de manera fortuita en 2019, debido a problemas de salud de su suegra. “Fue un viaje largo, y no esperaba quedarme tanto tiempo”, recuerda. Pero la vida le presentó desafíos inesperados, especialmente cuando la pandemia de COVID-19 alteró el rumbo de muchos.

Mientras Argentina se sumía en un estricto confinamiento, Brasil mantenía ciertas actividades abiertas. “Dos semanas de encierro y después la vida siguió, aunque con cuidados”, explica. Adriana se vacunó en Brasil, pero la distancia y las restricciones la separaron de su madre, quien falleció sin que ella pudiera despedirse. “Eso fue lo más doloroso.”

Una nueva vida en Florianópolis

Tras la pérdida, Adriana decidió quedarse en Brasil, donde ha establecido una nueva vida. Con residencia permanente y un negocio en marcha, también enfrenta las realidades del costo de vida en la región. “El sueldo promedio aquí ronda los 2.200 reales, pero los alquileres son altos”, aclara.

A pesar de los desafíos, valora la calidad de vida en Florianópolis y reconoce que la vida social es diferente. “Extraño la cercanía de la gente argentina, los encuentros espontáneos”, comenta. Sus hijos viven en Argentina, pero la tecnología ha acortado distancias, permitiéndole mantener el contacto.

Perspectivas políticas desde el extranjero

Desde su nuevo hogar, Adriana observa la situación política argentina con atención y esperanza. “Le tengo fe a Milei, parece que logró mucho en poco tiempo, aunque hay cosas que no me gustan”, afirma. Sin embargo, subraya que su decisión de mudarse a Brasil ha sido gratificante y que su vida ha mejorado.

A medida que su jornada avanza, entre bandejas de pan y conflictos nostálgicos, Adriana continúa adaptándose en un entorno que se ha vuelto familiar, aunque melancólico. “No hablo tan bien el portugués, así que me hace falta seguir practicando”, concluye con una sonrisa, demostrando su compromiso con una nueva vida en un nuevo país.

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