A horas de una nueva paritaria, el gobernador Alberto Weretilneck sorprendió en Bariloche al anunciar que habrá modificaciones en la propuesta salarial para los estatales rionegrinos: un reconocimiento por los últimos meses de 2025 y un cambio en la oferta para el primer cuatrimestre de 2026. La jugada abre un nuevo capítulo en la pulseada con los gremios, que ya anticiparon su rechazo a la fórmula del IPC de Viedma, con el agravante de que UnTER ya anunció que en estas condiciones no iniciará el ciclo lectivo.
El mandatario no se guardó nada y, ante la prensa, dejó en claro que “tomamos nota del planteo de los gremios“. Con esa frase buscó instalar la idea de un gobierno que escucha, pero también de un Ejecutivo que se prepara para contraatacar con una propuesta más amplia. Según adelantó, la nueva oferta llegará en “cuatro propuestas distintas”: ajuste por IPC, reconocimiento del 2025, pago de indumentaria y ayuda escolar.
Sin embargo, el detalle más jugoso apareció cuando Weretilneck habló del índice de inflación que se usará como referencia. Allí abrió un abanico de posibilidades que dejó a todos expectantes: “probablemente modifiquemos esa propuesta original por algún tipo de IPC que puede ser el nacional mezclado con el de Viedma; o el de Viedma con el Patagónico; o el Patagónico con el nacional“, lanzó, en un mix de combinaciones que refleja la tensión de la negociación.
Mientras tanto, los gremios ya marcaron la cancha. ATE rechazó de plano el IPC de Viedma y exigió sumar otros ítems. UPCN, con tono crítico, denunció que el Gobierno mantiene “trabajadores empobrecidos“. Y UnTER, fiel a su estilo de presión, resolvió un paro para el 18 de febrero, y amenaza con el no inicio del ciclo lectivo. El conflicto, entonces, no es solo salarial: amenaza con golpear la educación y la vida cotidiana de miles de familias.
En este escenario, Weretilneck buscó mostrarse como el garante de la paz social. “El conflicto por el conflicto en sí no le sirve ni a los empleados públicos, no le sirve al Gobierno y no le sirve a la sociedad“, sentenció, apelando a la lógica del consenso. Pero la frase, más que tranquilizar, dejó flotando la sensación de que el gobernador sabe que el choque es inevitable y que lo único que puede hacer es administrar la tensión.


















