Un dramático caso de sustracción de menores culminó en un final feliz en la capital argentina. José María Rosa, de 50 años, viajó a Río de Janeiro el 1° de octubre tras localizar a sus hijos, F. de 11 años y F. de 6, a quienes no veía desde febrero de 2024. Los niños, que habían sido llevados por su madre, Ilona Grabarczik, sin su consentimiento, fueron encontrados en situación de vulnerabilidad en las calles de Copacabana.
La búsqueda y el rescate
La Justicia brasileña determinó que los menores fueran trasladados a un abrigo estatal para su protección. Rosa, al enterarse de la ubicación de sus hijos, emprendió el viaje desde Buenos Aires, primero para verlos y luego para buscar una conciliación con su expareja. A pesar de los esfuerzos, la situación tomó un giro inesperado, ya que se reveló un plan de la madre para secuestrar nuevamente a los niños.
“Tuvimos a principios de diciembre una audiencia de conciliación en la que se acordó que el 26 me llevaría a mis hijos a la Argentina, donde vivieron siempre conmigo”, comentó Rosa, enfatizando que tenía la tenencia de hecho antes de que fueran secuestrados. Sin embargo, las autoridades decidieron que el regreso al país se realizara el 24 de diciembre, tras comprobar el riesgo de fuga de la madre.
El jefe del Núcleo de Cooperación Internacional de la Policía Federal explicó que la visita de la madre fue restringida y realizada en un lugar bajo alerta de seguridad, dada la posibilidad de un nuevo intento de sustracción.
Rosa, que se encontraba bajo la protección de Interpol, recordó los momentos de tensión que atravesaron en Brasil, donde su situación se complicó por la falta de documentación adecuada para sus hijos. “Nos mandaron a primera clase, no lo podemos creer”, dijo emocionado tras aterrizar en Argentina el 24 de diciembre.
Viviendo con incertidumbre
El tiempo que Rosa pasó en Brasil fue un viaje emocional sumamente difícil. Durante los 84 días que estuvo en el país, las condiciones fueron precarias, viviendo inicialmente en una pensión y trabajando en Copacabana para poder subsistir. “Me ofrecieron un trabajo lavando platos a cambio de 35.000 pesos”, recordó.
Durante su odisea, Rosa recibió apoyo de la Fundación Morelli, que le brindó asistencia emocional y financiera. Sin embargo, el padre de los menores enfrenta actualmente una deuda de seis millones de pesos, resultado de su prolongada estancia en Brasil y los esfuerzos por reunir a su familia.
Una guerra solitaria
Rosa describe su lucha como una batalla solitaria, enfrentándose no solo a la sustracción de sus hijos, sino también a la falta de apoyo de las autoridades argentinas. Nada hacía prever que se estaba en la antesala de una pesadilla interminable, dijo Rosa, refiriéndose a cómo Ilona llevó a sus hijos sin aviso previo, alegando un viaje a las Cataratas del Iguazú.
A pesar de los obstáculos, Rosa nunca se rindió. Utilizó sus redes sociales para documentar su búsqueda y mantener la atención pública. “Quiero un millón de ojos en la calle”, era su lema, y resultó ser una estrategia eficaz que ayudó a localizar a sus hijos.
Ahora, tras su regreso a Buenos Aires, Rosa se muestra optimista. “Pese a todo lo que han vivido, están bien y son muy fuertes”, afirmó. El camino por delante requiere reconstruir su vida familiar y superar los desafíos económicos que esta experiencia le dejó.
