La relación entre los gremios docentes bonaerenses y el gobernador Axel Kicillof atraviesa un momento crítico. Los sindicatos han lanzado una advertencia contundente: si el Ejecutivo no mejora la oferta salarial, las clases no comenzarán el próximo 24 de febrero.
Este conflicto marca un quiebre en la dinámica que había prevalecido desde que Kicillof asumió en 2019. Durante este tiempo, el gobernador había mantenido una relación fluida con los gremios, lo que permitió inicios de ciclos lectivos sin paros. Sin embargo, el acelerado aumento de la inflación y el rezago en los salarios han generado un clima tenso.
La tensión se intensificó tras la última reunión paritaria, donde la propuesta del gobierno fue considerada “insuficiente” por los representantes de los trabajadores. Kicillof enfrenta ahora el desafío de evitar un inicio de clases marcado por aulas vacías, mientras que las limitaciones presupuestarias complican la capacidad de otorgar incrementos salariales significativos.
El conflicto actual en el ámbito docente
La discrepancia entre las demandas de los docentes y la oferta del Ejecutivo es notable. Gremios como UPC, ATE y Fegeppba rechazaron la propuesta de inmediato. En cambio, el Frente de Unidad Docente Bonaerense (FUDB), que incorpora al Suteba de Roberto Baradel y la FEB, han decidido actuar con cautela y llevar la oferta a asambleas para su análisis.
El nudo del conflicto radica en la interpretación de las planillas salariales. Desde el gobierno provincial señalan que en enero los estatales recibieron un incremento del 4,5% respecto a diciembre. No obstante, los sindicatos acusan de un “maquillaje” contable, aduciendo que dicho aumento incluye retroactivos que ya están caducados.
Asimismo, critican que la nueva oferta consolida solo un 1,5% adicional, quedando por debajo del aumento de la inflación de enero, que fue del 2,9%.
Si las paritarias no avanzan, el gobierno evalúa la posibilidad de implementar un aumento unilateral para garantizar la liquidación de sueldos, mientras mantiene abiertas las negociaciones. Sin embargo, el clima interno en el sector docente es incierto; la FEB ya había expresado su rechazo a acuerdos previos y el descontento se generaliza entre los trabajadores, que buscan mejorar sus condiciones laborales.
