El dólar registró una nueva caída este viernes y perforó el nivel de los $1400, algo que no ocurría desde octubre. En el Banco Nación cerró a $1395, mientras que el promedio entre bancos se ubicó levemente por encima, en torno a los $1399.
Con este movimiento, el tipo de cambio acumula un descenso cercano al 6% en lo que va del año, en un contexto donde predominan condiciones que favorecen la estabilidad e incluso una baja del precio.
Uno de los datos clave es que el dólar mayorista también se mantiene lejos del límite superior de las bandas cambiarias. Actualmente cotiza bastante por debajo de ese techo, lo que refleja menor presión sobre el mercado.
Aun así, el Banco Central de la República Argentina continúa comprando divisas para fortalecer reservas, sin que eso impacte en una suba del tipo de cambio, algo que meses atrás sí ocurría.
Detrás de este escenario aparecen varios factores. Por un lado, hay un ingreso sostenido de dólares financieros, producto de emisiones de deuda y créditos en moneda extranjera. A eso se suma el llamado “carry trade”, donde inversores venden dólares para aprovechar tasas en pesos más altas.
También influye una cuestión estacional: durante el verano aumenta la demanda de pesos por gastos cotidianos, lo que reduce la presión sobre el dólar.
En el plano internacional, la tendencia global también juega su parte. La debilidad del dólar frente a otras monedas, vinculada a decisiones económicas de Donald Trump, contribuye a este escenario más calmo.
Hacia adelante, los analistas estiman que esta relativa tranquilidad cambiaria podría extenderse al menos hasta los meses de mayor liquidación del agro, entre abril y mayo. Sin embargo, advierten que se trata de un equilibrio frágil, atado a que se mantengan las actuales condiciones económicas.
