En una reciente charla sobre el impacto del bullying en la vida adulta, profesionales de la psicología destacaron la importancia de reconocer cómo experiencias traumáticas en la infancia pueden marcar a las personas de por vida. El evento, realizado en el Centro Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, reunió a expertos para analizar esta problemática que se extiende más allá del ámbito escolar y se introduce en el entorno familiar.
El bullying en el entorno familiar: un fenómeno silencioso
Si bien el bullying es comúnmente asociado a situaciones escolares, como burlas entre compañeros o humillaciones por parte de docentes, también se manifiesta en el seno familiar. Comentarios negativos sobre el cuerpo, el aspecto físico o los talentos pueden dejar heridas profundas y duraderas. La Lic. Adriana Sandro, psicóloga especialista en trastornos de la alimentación, enfatiza que “las niñas aprenden a mirarse a través de los ojos que las criticaron”, lo que afecta su autoimagen y sus relaciones futuras.
“Las heridas infantiles no resueltas suelen manifestarse en patrones de vida repetitivos en la edad adulta”, relata Marie-Louise von Franz, una reconocida erudita suiza. Según la especialista, estas marcas psicológicas pueden traducirse en inseguridades, bloqueos o una persistente sensación de insuficiencia.
Impactos en las relaciones y el ámbito laboral
La Lic. Elizabeth Schulz, sexóloga clínica y presidenta de la Federación Sexológica Argentina, examina cómo las mujeres que experimentaron bullying en su infancia tienden a repetir dinámicas de desvalorización en sus relaciones amorosas. Esto puede llevar a aceptar malos tratos o conformarse con vínculos donde no son valoradas. La especialista explica que en el ámbito laboral, el trauma puede resurgir ante situaciones que rememoren el rechazo infantil, como críticas o discriminación.
Testimonios que reflejan heridas del pasado
En la práctica clínica, los relatos de pacientes corroboran estas afirmaciones. María, de 34 años, llegó a terapia por una profunda inseguridad al postularse para ascensos laborales, un problema que se remonta a las burlas que sufrió en su infancia. “No soy suficiente” y “No voy a poder” son frases que habitan su diálogo interno. Gracias a un proceso terapéutico, ha aprendido a desmantelar esos pensamientos destructivos.
Por otro lado, Laura, de 41 años, explica que los comentarios sobre su cuerpo en su hogar la llevaron a elegir parejas que reforzaban esos mensajes despectivos. Su tratamiento, centrado en la integración de su autoimagen, le permitió valorar su propio cuerpo y establecer límites por primera vez en su vida.
Estos casos evidencian que el bullying no es un evento aislado, sino una narrativa interna que persiste hasta que se aborda adecuadamente. Schulz comenta que para sanar es crucial incorporar prácticas como la autoobservación compasiva y la escritura reflexiva, así como la búsqueda de redes sociales y terapéuticas que apoyen este proceso.
* Adriana Sandro es Psicóloga UBA y Periodista en Telefe Noticias. Especialista en Trastornos de la alimentación y Sexología clínica – MN 53315
















