Han transcurrido quince años desde la misteriosa desaparición de un helicóptero en el que volaba un experimentado piloto. El caso, que todavía genera incertidumbre, atrajo la atención pública desde su inicio.
La desaparición del helicóptero, un enigma que perdura
El 3 de enero de 2011, Alejandro Ferzola abordó un helicóptero de color naranja contratado por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) como parte del Operativo Sol. Desde ese día, tanto él como la aeronave desaparecieron sin dejar rastro.
La nave, un Robinson 44, despegó desde Brandsen con destino a la Costa Atlántica, pero nunca llegó a su destino. Este hecho se convirtió en uno de los mayores misterios en la historia reciente de Argentina.
Investigación infructuosa cerrada por falta de pruebas
La investigación del caso estuvo a cargo del Fiscal Juan Cruz Condomí Alcorta, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) número 5 de La Plata, quien cerró el expediente en 2012 debido a la falta de pruebas concluyentes. A pesar de los esfuerzos que incluyeron el rastreo de unos 9.000 kilómetros por parte de 18 aeronaves, no se lograron resultados relevantes y el caso fue archivado.
Las autoridades incluso realizaron cotejos de ADN con cuerpos hallados en la zona, pero todos los resultados fueron negativos. Las incansables búsquedas y rastrillajes abarcaron desde Brandsen hasta Santa Teresita y Pinamar, sin que se esclarezca el destino del helicóptero y su piloto.
El legado personal de Alejandro Ferzola
Alejandro Ferzola, que tenía 51 años al momento de su desaparición, dejó atrás a su esposa Estela y a sus dos hijos, Andrés y César. Su experiencia como piloto y las precauciones que tomaba en su trabajo contrastan con el inexplicable desenlace de su vuelo, que sigue generando inquietud en su familia y en la sociedad.
A 15 años de este trágico suceso, el caso del “helicóptero naranja de la ANSV” continúa siendo un enigma que desafía a las autoridades y agobia a quienes esperan respuestas.

















