El túnel subfluvial “Raúl Uranga – Carlos Sylvestre Begnis”, que une las ciudades de Paraná y Santa Fe, celebra sus 56 años de inauguración. Este monumental proyecto, cuya construcción comenzó en 1963 y culminó en 1969, se reconoce hoy como una de las obras de infraestructura más importantes de Sudamérica, promoviendo la conexión entre las provincias de Entre Ríos y Santa Fe.
Un legado de décadas de espera
El túnel fue una respuesta a la necesidad histórica de vincular las dos orillas del río Paraná, que durante mucho tiempo estuvo marcada por el aislamiento y la desconexión. Desde el primer intento de construir una conexión en 1911, hasta los frustrantes proyectos que siguieron, la realidad era que las provincias del noreste argentino quedaban relegadas en términos de desarrollo.
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La obra fue impulsada por los gobernadores Raúl Uranga de Entre Ríos y Carlos Sylvestre Begnis de Santa Fe, quienes firmaron un tratado interprovincial en 1960 debido al desinterés del gobierno nacional en llevar adelante este proyecto vital. Mediante un ingenioso plan, lograron encontrar una solución a la controversia sobre la jurisdicción, permitiendo así la construcción de un túnel que atravesaría el fondo del río, cuyo uso competía a las provincias.
Desafíos técnicos y construcción innovadora
La construcción del túnel representó un desafío técnico sin precedentes en el país. Fueron necesarios más de 2.870 días y la implementación de un sofisticado método de sumergimiento para colocar los 36 tubos de concreto que conforman el túnel. Este proceso incluía un montaje en una isla artificial, desde donde los tubos fueron trasladados y colocados en el lecho del río a profundidades que alcanzan los 30 metros.
A pesar del avance en la obra, la construcción enfrentó interrupciones a causa de diversos cambios políticos en el país. Fue solo durante la dictadura de Juan Carlos Onganía que se reactivó la obra, completándose en 1970 y abriendo sus puertas a un tráfico diario estimado entre 8.000 y 12.000 vehículos.
Un cambio radical en la conectividad
El túnel subfluvial no solo resolvió problemas de conectividad, sino que transformó la experiencia de quienes cruzan el río. El tiempo de cruce se redujo de dos horas que se contabilizaban en balsas, a tan solo 20 minutos en auto. Debido a su importancia, se considera una obra esencial no solo para las provincias involucradas, sino para el país en su conjunto.
A medida que los años han pasado, el túnel ha sido objeto de modernizaciones. Con un sistema de ventilación forzada que renueva el aire cada 3 a 4 minutos, se garantiza la seguridad de quienes lo utilizan. La infraestructura continúa siendo un símbolo de la tenacidad y el trabajo conjunto entre provincias, ilustrando cómo la determinación de dos gobernadores contribuyó a un hito en la historia argentina.
















